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La política de Trump hacia Cuba ¿por qué apurarse?

La política de Trump hacia Cuba: ¿por qué apurarse?
PEDRO CAMPOS, Miami | Febrero 13, 2017

En una reciente emisión de Mesa Redonda, de la Televisión Cubana, el
periodista Reinaldo Taladrid sugiere que puede haber un endurecimiento
de las políticas de EE UU hacia Cuba con el presidente Donald Trump. En
mi opinión, habrá que esperar todavía un tiempo para poder precisar por
“dónde viene la pelota”.

El nuevo presidente de EE UU le ha entrado con la manga al codo a todo
aquello a lo que brindó prioridad durante su campaña electoral: la
inmigración con el muro y la amenaza terrorista internacional, los
problemas comerciales con China y Europa por la “nueva” visión
aislacionista-proteccionista y los tratados de libre comercio,
Obamacare, la OTAN y la ONU e Israel y los asentamientos en territorio
palestino, entre otros.

Sobre el ombligo del mundo, perdón, Cuba, no hay declaraciones ni tuits
hasta ahora, solo que se está haciendo “una revisión integral de la
política” hacia la Isla. O sea, la vida sigue igual.

Al inicio de campaña, Trump dijo que le parecía bien la política de
Obama hacia Cuba. Luego, para ganar en Florida, que apoyaría la lucha
del pueblo cubano contra la opresión comunista. Prometió revertir las
medidas del entonces presidente o conseguir un mejor acuerdo, calificó a
Fidel Castro de asesino… Y ya en la Casa Blanca, mutis. Raúl Castro,
mientras, callado.

De ser una prioridad para la Administración Obama, Cuba cayó al más bajo
peldaño de atención en la política exterior del Gobierno de Trump. ¿Por
qué? Esta sería una explicación con más análisis que información.

Además de vislumbrar que hacer lo mismo no brinda resultados distintos,
Obama quiso mejorar las relaciones de EE UU con América Latina
restableciéndolas con Cuba. Trump arrancó con el muro, en una cuasi
guerra con México y Centroamérica, y rompió los tratados de libre
comercio. Como dirían en México, “le vale madre” esta región.

Tampoco conviene olvidar que Trump tiene una cierta expectativa con
Putin y espera unas relaciones especiales con Rusia para tratar de
manejar los problemas mundiales desde una perspectiva distinta a la
confrontación heredada de la Guerra Fría después de la II Guerra
Mundial. Paralelamente, todo el mundo sabe que existen unas relaciones
especiales entre Putin y Raúl Castro.

En consecuencia, es de suponer que lleguen definiciones más precisas
sobre Cuba después del encuentro entre Trump y Putin.

El problema más preocupante para EE UU en sus relaciones con Cuba era la
creciente inmigración ilegal procedente de la Isla, por mar y tierra.
Pero Obama, antes de retirarse, se encargó de eliminar la política de
pies secos/pies mojados, que sin resolver la causa primaria del fenómeno
(el desastre cubano ocasionado por el estatalismo-asalariado dizque
socialista), al menos ponía un freno momentáneo y daba tiempo a
encontrar otras soluciones.

No hacer algo diferente es mantener una política sin proclamarla. La
misma decisión de Obama creó otros problemas que ha tenido que enfrentar
Trump, como la acumulación en la frontera de cubanos que ya habían
salido cuando se produjo el cambio de política migratoria, el arribo de
otros que piden asilo y deben ser atendidos en territorio estadounidense
según la ley y el asunto de los médicos que ya habían iniciado los
trámites en las embajadas de EE UU para acogerse al programa Parole.

Además, ha continuado el intercambio de funcionarios y las exploraciones
para ampliar el comercio entre ambos países, a pesar de la decisión del
Gobernador de Florida de obstaculizar la entrada del carbón de marabú y
suspender la ayuda del estado a los puertos floridanos que comercien con
Cuba. Pero esta es una acción estatal floridana, no federal.

Por otra parte, los acuerdos logrados por la anterior administración
permiten al Gobierno de Trump estar tranquilo en relación al
narcotráfico, la emigración ilegal, el control de tráfico áereo y el
terrorismo, aspectos que siempre han preocupado a los gobiernos de EE UU
y a sus agencias de seguridad e inteligencia.

Igualmente, Washington puede despreocuparse con respecto a eventuales
despliegues de armas en Cuba que pongan en peligro su seguridad, pues
está muy claro que el amigo Putin no deberá tener ningún interés en
crear esta roncha en sus relaciones con Trump, quien fue muy claro
cuando, más menos, dijo que hay que ocuparse más del terrorismo que del
comunismo. Un buen entendedor comprende que al magnate no le importan
mucho el comunismo castrista ni sus desmanes, mientras los represores
cubanos también garanticen que por la Isla no pasen terroristas.

Tampoco debe olvidarse que Trump es negociante antes que político,
calculador de costos y ganancias, un pragmático con aspiraciones
respecto a Cuba que pudieran coincidir, en parte, con las castristas:
desarrollar construcciones hoteleras y campos de golf. Esto, en un país
destruido económicamente, con un Gobierno que proclama que su salvación
está en engancharse al tren de EE UU y que ya en la práctica
semi-depende de él, no debe significar ningún peligro para la gran potencia.

Los anticastristas en el Congreso que se oponían a las políticas de
Obama son ahora aliados del Trump que hasta ahora no las ha cambiado.

¿Y el pueblo de la Isla? Un republicano trumpista común, pragmático y
aislacionista, no importa si cubano-americano, podría responder: “En el
flanco sur tenemos garantizados seguridad y migración con Raúl, loquito
por nuestras inversiones, comercio y turismo. Los cubanos vivieron casi
60 años aguantando a Fidel. El hermano no puede ser peor en el tiempo
que le queda. ¿Por qué apurarse?”

Source: La política de Trump hacia Cuba: ¿por qué apurarse? –
www.14ymedio.com/opinion/politica-Trump-Cuba-apurarse_0_2163383646.html

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