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La historia oculta del último “pies secos”

La historia oculta del último “pies secos”
“Mi hijo es revolucionario”, dice el padre de José Batista Silva, el
último cubano en entrar a EEUU bajo “pies secos, pies mojados”
Miércoles, enero 25, 2017 | Alberto Méndez Castelló

PUERTO PADRE, Cuba.- “Soy fidelista hasta que me muera”, dice. Se llama
Lidia Silva Cedeño. Tiene 80 años, pero no aparenta esa edad, se muestra
enérgica, interrogante.

“¿Usted es mexicano?”, me pregunta Lidia, haciéndome recordar lo
advertido por una fuente: “Un mexicano ha llamado, pero José también
llamó desde Estados Unidos y dijo a su mujer que no conteste.”

“No, no soy mexicano”, digo.

“¿A qué usted viene, por qué hace tantas preguntas?”, dice Lidia,
interrogándome con una mirada acerada.

“Ya le dije, soy escritor, quiero contar la historia de su hijo”, digo.

“Él es revolucionario, igual que yo”, dice el viejo. Se llama Antonio
Saturnino Batista Fidalgo, padre de José Antonio Batista Silva, de quien
han informado los medios:

“José Antonio Batista Silva se convirtió la noche de este jueves en el
último cubano en entrar en Estados Unidos antes del fin de la política
que concedía residencia automática a los isleños. Las cámaras de
Univisión entrevistaron a Batista Silva cuando salió de las oficinas de
Inmigración del cruce fronterizo de Laredo, Texas, limítrofe con México.
‘¿Qué te dijo el oficial?’ le preguntaron, a lo que respondió: ‘Que soy
el último’. Agregó que le explicaron que la nueva ley había entrado en
vigor a las cuatro de la tarde del jueves, lo que ocasionó que otras
personas que habían entrado después de él se habían quedado retenidas en
la frontera, sin posibilidad de entrar. Según el periodista de la
cadena, Batista Silva se iba a dirigir a Kansas City, donde le esperaban
algunos familiares”. (El cubano que logró entrar en EE UU antes del fin
de ‘Pies secos, pies mojados’: “Soy el último”)

José Antonio Batista Silva, antes de viajar a Estados Unidos, residía
junto al camino de La Julia, zona rural próxima al poblado de San
Manuel, perteneciente al municipio Puerto Padre, en la provincia Las
Tunas. Según dijeron sus padres a este corresponsal, Batista Silva nació
el 17 de marzo de 1981, es licenciado en Informática, desempeñándose
como profesor y en labores agrícolas en la finca paterna, adquirida en
los años 50 del siglo pasado.

“¿Usted va a ir a la casa de José?”, me preguntó antes una fuente, y
agregó: “Yo no se lo aconsejo, su mujer es tremenda come candela
(alineada con el régimen castrista).”

José Antonio Batista Silva está casado con Neleida Castro Polo, una
militante del Partido Comunista de Cuba (PCC), que es la delegada del
Poder Popular (gobierno municipal) en la zona. De profesión maestra,
Castro Polo es directora de tres escuelas rurales en la localidad, y
fruto de su matrimonio con Batista Silva, es Deleni, una niña de nueve
años de edad que ahora cursa el cuarto grado.

Pero Neleida no se encontraba en su casa el pasado sábado, cuando este
corresponsal la visitó, pretendiendo entrevistarla. Sus suegros alegaron
que ella se encontraba en la escuela de Santa Bárbara, otra localidad
rural distante del lugar.

Lidia y Antonio, padres del ahora emigrado José Antonio, dijeron que
nada debían declarar para ser publicado, pues su hijo había encomendado
la dirección de la familia, incluso la de los trabajos agrícolas a su
esposa Neleida. “Una persona muy integrada (al gobierno), ella sabe”,
dijo Lidia.

En consecuencia, este corresponsal no tomó fotografías, ni de la familia
Batista Silva ni del lugar donde ellos residen por encontrarse dentro de
una propiedad privada y no contar con autorización de sus dueños, pero
antes de llegar al sitio, ya había sido advertido por una de sus fuentes
diciendo: “No se deje engañar por lo que verá”.

“La casa nos la tumbó el último ciclón (Ike, 2008),” dijo Lidia, cuando
pregunté si “¿es en aquel cobertizo donde usted y Antonio viven?”

El cobertizo donde los octogenarios Lidia y Antonio viven es algo así
como fueron los gallineros de una granja familiar estadounidense de allá
por los años 40 o 50 del pasado siglo. Y no es mucho mayor el sitio
donde Batista Silva residió con su esposa y su hija.

“Pero no pueden decir que viven en esas condiciones por falta de
recursos, él y ella (José Antonio y Neleida) además de sus salarios de
maestros, hicieron muy buenas cosechas, y usted sabe que eso da dinero”,
dijo una persona del lugar, pidiendo anonimato.

De que las tierras del viejo Antonio Saturnino son fértiles no caben
dudas, sólo hay que caminar por ellas y ver los rastrojos de las
cosechas para conocer de su abundancia; y con su hijo José Antonio ahora
en Estados Unidos, no resulta difícil imaginar qué camino tomaron los
dineros de esos frutos.

Difícil de creer resulta apegado al concepto de moral, que después de
haber firmado y haber hecho que otros firmaran el “concepto de
revolución” en los funerales de Fidel Castro, una militante del Partido
Comunista de Cuba y directora de escuelas, sea partícipe de una empresa
donde un joven cubano, su esposo, va por el “sueño americano”, mientras
ella, en terreno labrantío fértil, administra la sobrevivencia de dos
ancianos en las ruinas de su casa desguazada hace más de 10 años por un
ciclón.

Pero no, tal incongruencia no es difícil de imaginar: este sólo es un
ejemplo de cómo los comunistas ejercen su “papel dirigente” sobre sus
familias y sobre el pueblo de Cuba.

Source: La historia oculta del último “pies secos” | Cubanet –
www.cubanet.org/destacados/la-historia-oculta-del-ultimo-pies-secos/

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