Cuba Illegal Exit
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Desertores buenos, desertores malos

Desertores buenos, desertores malos
Los “buenos” podrían regresar a Cuba… los “malos” todavía
Eugenio Yáñez, Miami | 10/09/2015 10:36 am

En Cuba todo es relativo: lenguaje, moral, historia, principios, políticas.
Se cambia de un día para otro: de gusanos a mariposas, de mandarines de
Pekín a hermanos chinos, de imperialismo yanqui a vecino del Norte, de
indestructible amistad cubano-soviética a eterna hermandad con Corea del
Norte. Generales latinoamericanos son gorilas o presidentes, depende de
cómo se comporten con la dictadura cubana. En estos momentos ha llegado
el turno de los “desertores”.
Ahora los desertores, siempre vilipendiados durante más de medio siglo
por el discurso del régimen y sus papagayos pagados o voluntarios,
comienzan a ser considerados buenos o malos. Los médicos y
“profesionales de la salud” que “bajo los términos de la actualización
de la política migratoria han salido del país, ya sea por un interés
económico, familiar o de índole profesional, incluyendo aquellos
víctimas de las engañosas prácticas del vulgar robo de cerebros”, serían
desertores buenos, pueden regresar a vivir en Cuba y se les garantizaría
un trabajo similar al que tenían en la Isla antes de desertar. No está
claro qué sucedería a quienes lo hicieron antes de la reforma migratoria
(2013). Además, químicos, escritores, atletas, ingenieros, peloteros,
artistas, profesores, voleibolistas, economistas, físicos, militares,
veterinarios, matemáticos, biólogos o arquitectos, entre otros, siguen
siendo desertores malos, sin derecho a regresar… todavía.
¿Por qué esa supuesta “generosidad” del régimen? Podrían citarse muchas
causas, pero es evidente que una de ellas es atacar el Programa de
Parole para Profesionales Médicos Cubanos (CMPPP) establecido desde 2006
por la administración Bush para facilitar la fuga de médicos en misiones
“internacionalistas”. Y otra razón es que se necesitan más médicos en
Cuba. No porque no existan suficientes, sino porque parte importante de
ellos anda de misión en el exterior, y los servicios a la población en
la Isla se han afectado, aunque el Ministro de Salud Pública y la prensa
amaestrada aseguren lo contrario.
La generosidad raulista no es tanta como parecería superficialmente. Ni
los carceleros simpatizan con los prófugos, ni los esclavistas con los
cimarrones. ¿Cuántos familiares de médicos “desertores” han permanecido
o permanecen en Cuba, incluyendo cónyuges, hijos, o padres, en castigo a
la “maldad” del ausente por abandonar la tarea asignada por la pandilla
en el poder que nunca, en ninguna circunstancia, vive en carne propia
las exigencias “revolucionarias” a los cubanos de a pie? En ese sentido,
un irresponsable trotamundos proclamando delirantes ideas, Ernesto
Guevara, fue más consecuente con su participación personal en aventuras
“internacionalistas” que todo lo que puedan mostrar en su currículum los
hermanos Castro y casi todos sus familiares.
Dejando de lado la moral del régimen, equivalente a virginidad de
jinetera, veamos aspectos prácticos del cambio de categorización del
régimen sobre los discípulos de Esculapio e Hipócrates.
No consideremos a quienes han revalidado sus títulos en EEUU y reciben
ingresos superiores, por lo menos, a $150.000 anuales, o en otros
países, donde aun sin salarios tan elevados como aquí disfrutan niveles
de vida y reconocimiento profesional y social muy superiores a los que
pudieran haber disfrutado anteriormente en la Isla o al que podrían
vivir ahora a partir del hipotético regreso al averno.
Centrémonos exclusivamente en los médicos cubanos que sin haber
revalidado sus títulos por una razón u otra, desempeñan en EEUU trabajos
calificados de nivel medio en Cuba, como enfermeros, asistentes de
medicina, administradores de casos, técnicos de rayos X, tomografía
axial computarizada o resonancia magnética nuclear (para utilizar la
denominación acostumbrada en la Isla), laboratoristas, fisioterapeutas,
asistentes de enfermería, asistentes para el cuidado de pacientes en
hogares de ancianos o personas incapacitadas, o van a sus casas para
medir y controlar signos vitales, administrarles medicamentos, realizar
actividades de rehabilitación, ayudarlos en el aseo personal o de la
vivienda, o en la alimentación. O incluso profesionales cubanos que eran
del sector en Cuba y actualmente no trabajan en el sector de la salud, y
se buscan su vida y mantienen a su familia con actividades de ventas,
servicios, docentes, o dueños de negocios en cualquier actividad decente
y legal.
No tiene sentido, naturalmente, establecer comparaciones abstractas de
ingresos y gastos en EEUU y Cuba, y es evidente que el derecho a la
vida, la libertad, la felicidad y la prosperidad no tienen precio, pero
cualquiera de los profesionales médicos que no estén ejerciendo su
especialización en este país, mencionados en el párrafo anterior,
ingresan en un día de trabajo más dinero que el que recibe durante un
mes el médico mejor pagado en Cuba (con excepción de “Tony” Castro Soto
del Valle, el turista del Mediterráneo). De acuerdo a las resoluciones
publicadas sobre reformas salariales del sector, el mayor salario serían
1.600 pesos cubanos (CUP) mensuales, que equivaldría a $64 o pesos
cubanos convertibles (CUC), en un país donde en los mercados de la
tiranía un litro de aceite comestible cuesta más de $2,5 una libra de
carne de res más de cinco, o una hora de Internet más de dos.
Además, los hipotéticos profesionales de la salud que retornaran, como
los llamados “repatriados” que en 1959-60 regresaron desde EEUU a vivir
en Cuba la fantasía de “la revolución”, tendrían que aceptar nuevamente
que su existencia la determine Papá Estado, ocultar y callar sus
opiniones personales, trabajar en instalaciones médicas desvencijadas,
condiciones materiales deplorables, con insuficientes equipos,
mobiliario médico, instrumentos, materiales y reactivos. Buscar dónde
vivir y cómo transportarse, y resignarse a continuas, inevitables e
interminables colas para comprar alimentos, vestuario, calzado o
medicinas. Y “donar” mensualmente un día de salario para las Milicias de
Tropas Territoriales, hacer trabajo voluntario, o tomarse una aguada
caldosa colectiva celebrando fechas “revolucionarias”.
Mucho peor, regresarían a Cuba para que su vida profesional y personal
dependa de los informes y chismes de un responsable de vigilancia de
cualquier Comité de Defensa de la Revolución del barrio, o del
secretario del partido o el dirigente sindical de su centro de trabajo.
Y de seguro no regresarían respondiendo a un hipotético llamado de la
patria, que la camarilla gobernante y el partido comunista están muy
lejos de ser “la patria”. Ni por complejos de autoestima o
autorrealización: nada más importante para la autoestima que saber que
uno es capaz de ganarse el sustento con su trabajo, cosa que el régimen
no puede garantizar a los cubanos en la Isla.
¿Cuántos médicos y trabajadores de la salud “desertores” estarían
dispuestos a regresar al paraíso castrista? ¿Todos? Claro que no.
¿Muchísimos? Difícil. ¿Algunos? Siempre habrá rotos para descosidos.
¿Aplaudir al régimen por su “generosidad”? ¿Y qué pasará con los “malos”
que siguen en la lista negra de la dictadura?
Cuba no será de los cubanos mientras existan desertores “buenos” y
desertores “malos”.
Mientras existan “desertores”. Y cabecillas con facultades para
clasificarlos.

Source: Desertores buenos, desertores malos – Artículos – Cuba – Cuba
Encuentro –
http://www.cubaencuentro.com/cuba/articulos/desertores-buenos-desertores-malos-323589

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