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Las vacas y los fundamentos ideológicos del castrismo

Las vacas y los fundamentos ideológicos del castrismo
BORIS GONZÁLEZ ARENAS | La Habana | 4 Feb 2015 – 9:34 am.

¿Qué ha eliminado (o dejado) Raúl Castro del sistema creado por su hermano?

Cuando uno compara los elementos del castrismo desmontados por Raúl
Castro con aquellos que se mantienen, percibe su mayor o menor
importancia en el sistema creado durante el ejercicio político de su
hermano Fidel Castro.

Está por ver si lo que se está produciendo bajo el control de Raúl
Castro, con un peligroso traspaso hacia los militares de las
prerrogativas de jefe que su hermano había acumulado, es el desmonte del
castrismo o tan solo una reorganización que lo haga más operativo para
un grupo de poder menos concentrado y de origen castrense.

De lo que no cabe dudas, es que en los últimos años hemos asistido, con
más glorias que pena, a la eliminación de prohibiciones que pesaban
sobre nuestra vida cotidiana implementadas por Fidel Castro y que, si en
algún momentos parecieron imprescindibles para sus mecanismos de
control, su desaparición sin que cambie la esencia del sistema
evidencian que no lo eran.

Ello reviste a tales prácticas de una crueldad añadida, la de no haber
sido fruto de una necesidad sino de alguna complacencia macabra en su
realización.

La Revolución cubana, por ejemplo, se opuso a la discriminación racial y
la segregación resultante de su ejercicio. Fidel Castro, el principal de
los líderes revolucionarios, manifestó esa oposición y militó en pos de
superarla.

Pero al castrismo, a diferencia de la revolución y la opinión que sus
líderes pudieran transmitir, la discriminación no le era en absoluto
repudiable.

Cuando en la década del 60 quedó establecido un sistema que alternaba la
capacidad adquisitiva del dólar para los extranjeros y un pequeño grupo
de beneficiados, con la ilegalidad de la tenencia de la moneda
norteamericana por el pueblo cubano, comenzó un sistema de exclusión que
manifestaría su aviesa capacidad discriminatoria con el paso de los
años, cuando los servicios dirigidos a la economía de dólares crecieron
simultáneamente al deterioro de las posibilidades del capital basado en
pesos cubanos.

Si bien la discriminación racial no desapareció y el castrismo la
consagra al dificultar su visibilidad social, la distinción favorable a
los extranjeros, entre sus espacios y bienes, y aquellos que
corresponden a cubanos, es la principal novedad que en materia de
discriminación introdujo Fidel Castro durante su ejercicio político.

Todavía en 1995, cuando se legalizó nuevamente la tenencia de dólares
por los cubanos y se abrieron las puertas a numerosos servicios
ofrecidos en esta moneda, los hoteles y todo un sistema de recreación
acompañante, puesto en función del desarrollo turístico, permanecieron
prohibidos para los nacionales.

El levantamiento de esta prohibición por Raúl Castro sin que el
castrismo sufriera una conmoción sustancial evidencia que para el
sistema la segregación descrita era accesoria.

La confrontación con EEUU

Otra práctica que parecía central en el ejercicio de control político de
Fidel Castro era la prohibición para los cubanos de viajar y movernos
libremente desde y hacia Cuba.

Por más de 50 años viajar al extranjero tenía dos tipos fundamentales,
la salida por motivos de trabajo y la salida definitiva. Los niños no
formaban parte de esa comitiva laboral y su partida solo podía ser para
siempre. Los bienes de los que se iban de modo definitivo eran
confiscados y en más de una ocasión quedaban atrás familiares sin hogar
en tanto la vivienda de un hermano, padre o hijo, pasaba al imperio del
Estado.

Para salir de su país, los cubanos y las cubanas necesitaban el Permiso
de Salida, un documento que era asignado de manera aleatoria y en cuya
entrega no dejaban de mediar las consideraciones ideológicas.

Aunque no normaliza completamente la situación descrita, la Ley
migratoria del 2012, eliminó el Permiso de Salida y permite al cubano
viajar sin límite de edad.

Para el castrismo, por tanto, no era esencial una práctica que para el
ciudadano significó la separación familiar y la salida ilegal, en
ocasiones en balsas que muchas veces no llegaban a su destino y
conforman una de las mayores tragedias humanitarias sufridas por nuestro
país.

El pasado 17 de diciembre, cuando conocimos del restablecimiento de
relaciones diplomáticas entre el Gobierno cubano y Estados Unidos, el
tema de qué es fundamental para el castrismo tomó un giro inesperado.

Por cinco décadas, la confrontación con Estados Unidos pareció esencial
en el aparato de control político de Fidel Castro, de hecho lo fue, pero
he ahí que su hermano ha demostrado que también sin este elemento el
castrismo puede continuar.

Con una coherencia pasmosa dentro de la escueta estructura ideológica
del castrismo, el antagonismo con Estados Unidos definió siempre el
límite que en la evaluación de cualquier episodio nacional o extranjero
hacía Fidel Castro y por medio de él todo el país.

Los cubanos aplaudimos, instados por el discurso oficial y todos sus
elementos de coerción, las invasiones soviéticas, lo mismo a
Checoslovaquia que a Afganistán, el gobierno de Muamar el Gadafi, Sadam
Husein y Mengistu Hayle Marian, los exterminios de Tiananmen y todavía
meses atrás hacíamos silencio en favor de la agresión rusa de Ucrania,
por no hablar del alijo de armas que sin ningún pudor trató de enviar el
castrismo a Corea del Norte a través del canal de Panamá.

De pronto, las relaciones diplomáticas van camino de restablecerse y
aunque aún es muy temprano para afirmar nada, al menos no coincidió ese
acercamiento con el fin del castrismo ni aporte democratizador alguno.

Sin embargo, como decía al principio de este artículo, el gobierno de
Raúl Castro lo que ha conseguido es despejar la noción del castrismo de
aquellos elementos que no le eran esenciales. Lo que permanece o se ha
acentuado bajo su mandato, muestra la mayor estima que al castrismo le
han merecido.

Los obstáculos que quedan

La eliminación de la segregación que prohibía el acceso de los cubanos a
los hoteles y los centros de recreación, no eliminó no obstante la que
seguimos padeciendo en materia económica.

Nuestra Ley de Inversión Extranjera, aprobada en 2014 y que es la
actualización de su similar de 1995, no es la ley que regula la
inversión del extranjero en un ambiente de asistencia libre junto a su
semejante cubano, sino que es la ley que dispone el único tipo de
inversión independiente del estatal que existe en nuestro territorio.

La Ley Migratoria, con la que Raúl Castro puso fin a dolorosos
obstáculos que mantuvo el castrismo por cinco décadas, no elimina la
prohibición que tiene el exilio cubano para regresar a residir en su país.

Estos cubanos, despreciados y explotados ideológicamente por su hermano
Fidel Castro, siguen discriminados por el régimen de su hermano.
Situación que conserva en nuestras familias la distancia y el dolor.

Del restablecimiento de relaciones diplomáticas entre Estados Unidos y
el Gobierno de Cuba es aún muy temprano para hablar. Aunque la
minimización del hecho y la exaltación del canje de prisioneros de que
estuvo acompañado, evidencia que el régimen busca desmotivar la
esperanza resultante de este acercamiento.

Sin embargo dentro del castrismo sigue habiendo instituciones que
permanecen intactas, prácticas que no se atenúan, personajes que siguen
vigentes más allá del recomendable alejamiento que su estulticia mental
y decrepitud física sugieren.

Dentro de esas prácticas conservadas por Raúl Castro está la
prohibición, establecida desde bien temprano por su hermano, de criar
vacas, sacrificarlas y comerciar su carne.

El origen de la prohibición estuvo en el afán monopolista del castrismo
y una rara debilidad que Fidel Castro tuvo por estos animales. La
insistencia en estas prácticas prohibitivas cuando según Raúl Castro es
urgente producir alimentos, hace pensar en alguna limitación atávica,
propia de una tara infantil, más que de un producto del juicio y la razón.

Pero hay otras explicaciones para una política tan desatinada. La vaca
es un animal relacionado de manera muy estrecha a la civilización. Su
aprovechamiento es absoluto y por todo alimento lo que necesita es
pasto. Huesos, cueros, carne, leche, todos han tenido su función en cada
periodo de la historia humana sin exceptuar el presente.

La substracción de semejantes animales de nuestra capacidad productiva,
se suma a la destrucción de nuestra industria azucarera, a la
desmotivación de la iniciativa privada y a la proscripción del derecho a
participar de la explotación de las riquezas de la nación actualizada
recientemente para los capitales foráneos.

Para esta reflexión, la prohibición que pesa sobre la cría del ganado
vacuno aparece como una coherente medida contra la capacidad de los
cubanos de procurarnos nuestro sustento con nuestro trabajo y por su
medio considerarnos dignos de la libertad que hoy se nos niega.

La observación del ejercicio político de Raúl Castro puede ayudarnos a
percibir con mayor claridad los fundamentos del castrismo, y la
persistencia de la sujeción del ciudadano cubano a través de su
depauperación material y física, aparecen aún hoy como un objetivo crucial.

Source: Las vacas y los fundamentos ideológicos del castrismo | Diario
de Cuba – http://www.diariodecuba.com/cuba/1422995142_12686.html

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