Cuba Illegal Exit
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Asesinos, ustedes lo mataron!

“¡Asesinos, ustedes lo mataron!”
El balsero de 18 años se ahorcó en su celda. ¿Quiénes son los
responsables el gobierno estadounidense que lo repatrió a la Isla, o el
gobierno cubano que no cumplió los acuerdos migratorios?
lunes, noviembre 24, 2014 | Alejandro Tur Valladares

CIENFUEGOS, Cuba. — Cuando Dairo Andino León se lanzó a la mar era
consciente que arriesgaba la vida. Lo que nunca sospechó fue que no
serían las olas las que apagarían su existencia, sino una serie de
eventos legales y represivos adversos, los que le inducirían a quitarse
la vida.

“Dairo nunca había pensado en emigrar y menos ilegalmente”, al menos eso
nos dice Clara Alicia Grandía Martínez, su abuela materna. La anciana
considera que su nieto fue presa del embullo de personas que se
quisieron aprovechar de su ingenuidad.

Nos hace dudar del sentimiento de la abuela que la madre de Dairo reside
en España, y el joven de 18 años vendió su motocicleta Karpaty por unos
20 000 pesos antes de alistarse en la riesgosa aventura.

Apenas tuvo conocimiento de la fecha en que zarparía la rústica
embarcación abandonó la unidad militar en la que cumplía el periodo de
Servicio Militar Obligatorio y se unió, junto a dos amigos del barrio, a
la desconocida masa de hombres –algo más de una veintena– que durante
los siguientes días serían sus compañeros en el mar.

La travesía duró varios días y estuvo plagada de peligros. El sobrepeso,
un banco de coral que agujereó el casco del improvisado navío, y olas de
cuatro y cinco metros, hicieron del viaje un verdadero via crucis. Ya a
punto de naufragar fueron rescatados por la guardia costera de Estados
Unidos.

En el barco refugio fue entrevistado por un funcionario de emigración
estadounidense. Las condiciones en que se dio la entrevista o los
asuntos tratados son una incógnita. Probablemente nunca sabremos si
Andino le contó al funcionario que era un desertor de las Fuerzas
Armadas Cubanas (FAR) y que su regreso al país tendría consecuencias.
Quizás su interlocutor desestimó sus miedos y confió su suerte a lo
estipulado en los acuerdos migratorios adoptados entre el gobierno la
Isla y su nación.

Tal vez el burócrata americano le contó a Andino que los acuerdos
migratorios entre EE.UU. y Cuba le inmunizaban contra futuros maltratos
o presumibles represiones. Imagino que debido a ello regresó a la isla
confiado, portando en sus manos aquella dichosa planilla que cual
valioso talismán pensaba podría protegerle. Al fin y al cabo en ella
estaba escrito que al regresar el gobierno cubano debería restituirlo a
su rutina diaria.

Pero la realidad cubana se escribe con dolor, y en lo adelante Andino
solo conocería el aislamiento, la amenaza y la coacción.

Cuenta su vecina Maricela Herrera Cordero que tras varios días en el
Hospital Naval de La Habana, recuperándose físicamente, fue trasladado
en condición de detenido hasta la sede provincial de la Seguridad del
Estado (G2) en Cienfuegos.

Luego de siete días de encierro al fin le permitieron ver al padre, que
estaba acompañado de su quinceañera esposa y su bebé de mes y medio de
nacido. En el momento del encuentro la esperanza le acompañaba: “Si Dios
quiere pasado mañana estaré suelto”, les dijo.

Pero no sucedió. Por el contrario, fue trasladado a un lugar más
tenebroso que el anterior, a un calabozo de “Prevención”, unidad militar
que funge como sede de las Brigadas de Tropas Especiales, “Boinas Rojas”.

Cuenta un compañero de cautiverio de Dairo que, encontrándose aún en la
Unidad del G2, se había percatado que algo no andaba bien con el joven,
y que se lo comunicó al oficial de guardia, quien le contestó
despectivamente, “ése no es tu problema”.

La noche final le dijo al carcelero que tenía frío, que quería una
sábana para taparse. Aprovechando que el guardia dormía colocó el blanco
lienzo en su garganta y puso fin a su existencia.

Si Andino no hubiese sido deportado por el funcionario estadounidense, o
si el gobierno cubano hubiese cumplido lo pactado con su par
continental, el muchacho no estaría muerto. Pero la vida siguió su
implacable curso. Y Dairo Andino León es otra víctima de la tragedia que
padecemos los cubanos.

En su funeral, familiares y vecinos lo lloraron. Se escucharon gritos de
¡Asesinos, usted lo mataron! ¿Pero quiénes son los asesinos, el gobierno
estadounidense que lo repatrió a la Isla, o el gobierno cubano que no
cumplió los acuerdos migratorios?

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Source: “¡Asesinos, ustedes lo mataron!” | Cubanet –

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