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‘Ningún barco se detuvo, aún cuando podían ver que estábamos desesperados’

EMIGRACIÓN

‘Ningún barco se detuvo, aún cuando podían ver que estábamos desesperados’
AGENCIAS | La Habana | 5 Oct 2014 – 9:02 pm.

Sobrevivientes de una de las peores tragedias de la emigración cubana
tuvieron que beber su propia sangre y su orina para salvar la vida.

Un grupo de migrantes cubanos debió beber su propia sangre y orina
después de que falló el motor de su improvisado bote, dejándolos a la
deriva en el Caribe durante tres semanas sin alimentos ni agua, según
los sobrevivientes que llegaron esta semana a Estados Unidos, informa
Reuters.

“Estoy feliz de haberlo logrado, vivo, pero fue algo por lo que nadie
debería pasar”, dijo Alain Izquierdo, un carnicero de La Habana y uno de
los 15 sobrevivientes de los 32 pasajeros del bote.

Seis pasajeros están desaparecidos después de que intentaron nadar hasta
la costa, mientras que otros 11 murieron de deshidratación.

“Me siento triste por aquellos que no lo lograron”, dijo Izquierdo,
sentado a la sombra junto a la piscina de la casa de sus tíos en Port
St. Lucie, en la costa este de Florida.

Los sobrevivientes fueron rescatados unos 240 kilómetros al noreste de
la Península de Yucatán y estuvieron brevemente detenidos en México
antes de que fueran liberados a fines del mes pasado.

Su historia es uno de los desastres de emigrantes cubanos más trágicos
en décadas. Reuters habló con varios de los pasajeros y sus familiares
en Florida y Texas, aunque algunos estaban aún demasiado traumatizados
como para declarar a la prensa sobre la experiencia.

Los cubanos que buscan escapar de la Isla se dirigen cada vez en mayores
números hacia América Central y luego realizan un largo viaje por tierra
para llegar a Estados Unidos.

El grupo de Izquierdo zarpó desde Manzanillo a comienzos de agosto, pero
comenzó a tener problemas a unos 64 kilómetros de las Islas Caimán,
cuando la máquina del bote —un motor diésel de automóvil Hyundai unido a
una hélice improvisada— falló en el segundo día de travesía por el mar,
dijo Izquierdo, de 32 años.

A la deriva

El bote casero de 6 metros de largo, fabricado con láminas de aluminio
para tejado unidas con remaches y selladas con telas y resina, navegó a
la deriva mientras sus ocupantes intentaban parar a los barcos que
pasaban cerca.

“Nadie se detuvo, aún cuando podían ver que estábamos desesperados”,
dijo Mailín Pérez, de 30 años, otra sobreviviente que se recupera en
Austin, Texas.

Los pasajeros lanzaron el motor al mar para reducir el peso e
improvisaron una vela con telas unidas con cordel.

Seis de los hombres decidieron nadar hacia la costa de Cuba, aferrándose
a cámaras de neumáticos, pero no se ha sabido de ellos desde entonces.

Breves lluvias cada tres o cuatro días brindaron un poco de agua, que
era racionada en dosis con jeringas médicas. Una mujer que tenía seis
meses de embarazo recibió raciones adicionales.

Uno por uno, 11 pasajeros murieron. Sus cuerpos, con los labios
hinchados, eran lanzados al mar y flotaban alejándose del bote, una
imagen que una sobreviviente dice la atormenta en sus pesadillas.

El primero en morir fue un amigo de Izquierdo, Rafael Baratuti
O’Farrill, un mecánico automotriz de 50 años de La Habana.

“Ese fue el día más triste”, dijo Izquierdo.

Después de que se quedaron sin agua, algunos pasajeros comenzaron a
beber del mar, al igual que su propia orina. O’Farrill fue uno de varios
que además usó las jeringas para extraer su propia sangre para beber.

“Ese fue un error, los que bebieron su sangre se debilitaron.
Gradualmente perdieron la conciencia y se desvanecieron”, dijo Izquierdo.

Pérez e Izquierdo dijeron que abandonaron Cuba por razones económicas,
para hallar un mejor futuro para sus hijos. Izquierdo dejó a su esposa y
a dos niños pequeños en La Habana. Pérez se reunió con su marido en
Texas, pero también tiene un pequeño hijo y una hija en Cuba.

Ambos buscaron salir legalmente de la Isla, pero se les dijo que podrían
pasar hasta 5 años antes de que sus casos fueran decididos por los
funcionarios consulares de Estados Unidos.

Pensar en sus parejas e hijos es lo que los mantuvo vivos, dijeron
Izquierdo y Pérez.

“Sabía que tenía que ser fuerte por ellos”, dijo Pérez. “Me sentía muy
débil al final. Tenía miedo de cerrar mis ojos, por si no volvía a
despertar”, agregó.

Source: ‘Ningún barco se detuvo, aún cuando podían ver que estábamos
desesperados’ | Diario de Cuba –
http://www.diariodecuba.com/cuba/1412535751_10695.html

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