Cuba Illegal Exit
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Los cubanos no comen pescado

Infobae: Los cubanos no comen pescado
Por qué en una isla la gente no come ni pescado, ni mariscos, ni
langosta, ni cuanto bicho marino existe. Porque lo que hay en el mar son
peces y al pescado, hay que pescarlo. Y ahí es donde entra el Castro
Comunismo a funcionar. De aplicar el Socialismo Siglo XXI en la
Antártida, tendremos escasez de hielo y éste será racionado en el futuro
viernes, marzo 28, 2014 | Karel Becerra

A cada habitante de esta tierra, cuando se entera de que soy cubano, se
le ocurre preguntar: “¿Qué comen en Cuba?” A lo que segundos después,
quizá por ver mi cara descolocada, y a modo de recomponer las cosas me
dicen: “Seguro que comen mucho pescado, ¿no? jijiji”, y los veo encoger
los hombros como diciendo: “Parece que lo insulté al cubano y pescado es
una mala palabra”.

El problema no es responder fácilmente “no, apenas se come pescado”. Lo
dificil es explicar al que pregunta, por qué en una isla la gente no
come ni pescado, ni mariscos, ni langosta, ni cuanto bicho marino
existe. Amigos, en Cuba no se come pescado, porque lo que hay en el mar
son peces y al pescado, hay que pescarlo. Y ahí es donde entra el Castro
Comunismo a funcionar.

A mi me fascinaba pescar en el mar, pero logré hacerlo recién entrado en
los 18 años, puesto que los menores de edad tenían prohibido subir
cualquier cosa que flotara en el mar. También había otras razones, el
puerto más cercano me quedaba lejos, unos 35 Km., distancia imposible
para ir de aventura. Luego por supuesto no tenia cordel acorde, el más
largo que poseía era de unos 20 metros por lo que me servía solo para el
río, o a algún charco cercano.

Llegada mi mayoría de edad tuve la gran suerte de que mi padre, médico
cirujano, tuviera un paciente. El padre de este paciente tenía un
hermano, Albertico, y éste a su vez tenía un barco*. En agradecimiento
nos invitó a pescar en alta mar, unas 2 millas de la orilla, pues más
allá, podría interpretarse como salida ilegal del país.

Por supuesto que deben inferir que construir un bote o barco de madera
estaba prohibido, si no yo me hubiera hecho el mío… Bueno, no. ¿Con qué
madera?. La prohibición era por la sospecha de que lo utilizarás para
irte a EEUU, “a pasar hambre y pasar trabajo”. Después, si tienes la
suerte de que lo construyes a escondidas, y ya no te pueden detener,
debes pedir un permiso para incluirlo en el “Registro Oficial”. Si, así
como lo entiende, registrar cada balsa, chalupa, o elemento que flote,
aun teniendo éste tracción animal, o sea, a remos. Teniendo ya el bote y
el permiso de uso, cosa que puede llevarle unos 15 años**, debes pedir
un “Permiso de Salida”. Esto es, si el bote lo sueltas de la orilla, ahí
ya usted tiene que pedir un permiso, aunque se aleje unos 200 metros de
la costa.

El bote en cuestión ya está construido, tiene el registro, y el permiso
de soltar amarras. ¿Listo? ¡No! Ahora, cada una de las personas que
suben al bote, tienen que pasar a pedir el “permiso de embarque”. ¿Fácil
no? Si fuera fácil, cualquiera podría a pedir el permiso de embarque,
pero la realidad, es que para optar por el permiso de embarque,
previamente necesita el “Carnet de Pesca” otorgado por el Ministerio del
Interior (Minint), luego de años de investigación, y renovable
anualmente. Como usualmente te lo niegan, mi padre nuevamente, le
realizó una operación de tiroides a una señora que resultó ser la madre
de un jerarca del Minint, y por medio de éste, obtuvimos el “Carnet de
Pesca” en trámite expeditivo, 6 meses.

Terminada toda la burocracia, volvemos al barco de Albertico, que a esta
altura ya era amigo, pues habían pasado dos años desde su inicial
invitación. Era un barco de madera de unos 5 metros de largo, ¡con
motor! Si, porque él tenia el “permiso de tener motor” desde antes de
1959, creo. Ya el bote no era el mismo, ni el motor, ni nada, pero tenía
ese papel. Estábamos Albertico, Leonelsito, que oficiaba de pescador
asistente, mi padre y yo subidos con el permiso de soltar amarras, el
carnet de pesca de cada uno, el permiso de salida de los guarda
fronteras, y a punto de salir. Eran aproximadamente las 9 de la mañana.

Mi padre y yo, habíamos gastado toda la gasolina del mes para ir a la
costa ese día. Previamente pasamos por una fábrica de hielo, donde una
semana antes habíamos pedido una plancha de hielo, con el objetivo de
conservar el pescado, pues la idea era estar dos noches en “alta mar”.
Albertico, nos habia recalcado que aunque apareciera una tormenta de
“tres pares de c…”, debíamos seguir sin tocar puerto, si no teníamos que
tramitar todos los permisos nuevamente. Yo me imaginaba un huracán con
olas de 10 metros, pero eso si, ¡tocar tierra jamas! Era más fácil
soportar una tormenta que pedir los permisos nuevamente.

Así las cosas, al momento de partir, ¡el bote no arrancaba! Llegaron las
12 del medio día, las 3 de la tarde. A esa hora, eran unas 20 personas
alrededor de nuestro bote opinando sobre que el motor estaba ahogado, el
petróleo del motor, etc. ¡Uy! lo olvidaba, el petróleo para el barco.
Ese lo “conseguía” mi padre con otro paciente que era militar, así que
Leonelsito, que ya de asistente de pesca era mecánico, decía: “Oye, el
petróleo no puede ser porque este lo trajo el médico y es del bueno, del
que usan los tanques de guerra”. Bueno, para no cansarlos, finalmente
pasadas las 5pm, logramos sustituir una “bujía” causante del fallo y
partimos.

Luego de unos 20 minutos de navegar por el río, hacia la desembocadura,
llegamos al punto de control militar Guarda Fronteras. Allí se chequeaba
que todo estuviera en regla. ¿Qué pasó?, pues sale el guardia y dice:
“El puesto cierra a las 6pm, y están pasados, no podemos autorizar la
salida”. Se nos hizo la noche intentando convencer al capitán del
puesto, entre otras cosas de que no teníamos intención absoluta de irnos
para los EEUU. Cerca ya de las 7pm, regresamos río arriba. Lo que
quedaba del hielo lo repartimos para no desperdiciarlo. Así, camino a
Santa Clara, donde vivíamos, el carro dejaba un hilo de agua, como
queriendo marcar el camino, para intentarlo en otro momento. Pero,
compadre, después de pasar todo eso, ¿a quién le quedan ganas de comer
pescado?

Nota: Dada la naturaleza del relato, rayano en lo inverosímil, debo
aclarar que la historia es real y parte de una vivencia personal; nadie
me lo contó.

Source: Infobae: Los cubanos no comen pescado | Cubanet –
http://www.cubanet.org/blogs/infobae-los-cubanos-no-comen-pescado/

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