Cuba Illegal Exit
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De espía de Fidel Castro a enemigo de Cuba

De espía de Fidel Castro a enemigo de Cuba

Pedro Aníbal Riera trabajó para el Gobierno cubano hasta principios de
los noventa en los servicios secretos hasta que cayó en desgracia.
Entonces, el régimen lo encarceló. Tras 19 años en el centro de la diana
del castrismo, logró salir de la isla
21 de abril de 2013. 18:57h Goyo García Maestro. Madrid.

La fría y lluviosa Oviedo puede ser una ciudad extraña para un caribeño,
pero es la ciudad en la que el cubano Pedro Aníbal Riera Escalante
decidió establecerse con su esposa tras salir de La Habana a finales de
2011. Riera llegó a España cuando los Castro decidieron abrir el puño de
hierro que durante 19 años le oprimió por ser un disidente con mucha y
valiosa información en su haber. Durante ese tiempo, el ex agente de la
Dirección de Intelgiencia Pedro Riera fue un incordio muy activo, dentro
y fuera de la cárcel, para el régimen de La Habana. Fue perseguido y
hostigado sin descanso por el régimen. “Con toda esa presión
insoportable, que desquicia la mente de cualquiera, he tenido que vivir
los últimos veinte años en Cuba”, confiesa Riera, que alcanzó el grado
de mayor de la Dirección de Inteligencia.

Mucho antes de eso, Riera Escalante brilló como un hábil espía de los
servicios secretos cubanos en la lucha contra la CIA. En los años
ochenta y principios de los noventa, ejecutó operaciones contra la
embajada norteamericana en México, donde trabajó con una fachada legal
como cónsul, reclutando y formando a agentes doble y coordinando el
trabajo con la KGB. Su trabajo le valió medallas al mérito, fue
ascendido a mayor y redactó un par de manuales de referencia dentro del
espionaje cubano.

Le reclutaron para luchar en alguna de las guerrillas latinoamericanas
que apoyaba Cuba en plena Guerra Fría al terminara el bachillerato, con
18 años. El Gobierno buscaba talento y fidelidad. Él proporcionaba esas
dos cosas y un apellido notorio. Su tío Aníbal Escalante despuntó como
figura de primer orden en el Partido Comunista cubano en los años
sesenta, aunque acabaría siendo purgado por el aparato, un final muy
parecido al de su sobrino. Pero en aquella época, el joven Riera tenía
toda la confianza del régimen. En lugar de hacer la guerra en el campo
de batalla –para ello le habían preparado-, fue destinado al
departamento de Contrainteligencia exterior. Su primera misión se
desarrolló en Chile haciendo informes para Fidel Castro sobre las
acciones de la CIA para derrocar al presidente Salvador Allende.

Tras el golpe de Pinochet fue asignado a la Inteligencia cubana en
México. Riera tuteló al ex espía norteamericano Philip Agee, quien tras
desertar como agente de la CIA suministró valiosa información a Cuba
sobre la estructura de la célebre agencia norteamericana. Agee se haría
famoso como autor de un libro en el que desnudaba las prácticas de los
servicios secretos de EE UU. A Riera le tocó pulir ese libro, “Diario de
la Compañía”, poniendo nombres y descifrando operaciones secretas.

Adiestrar a los topos

A partir de ese momento, Riera dejó los despachos y comenzó a trabajar
en tareas operativas como cerebro y director de una red formada por una
veintena de agentes dobles en España, Japón, Mozambique, Guyana, Perú,
Brasil, Bolivia Uruguay y México. Riera adiestraba a los “topos”. Les
preparaba para burlar la prueba del polígrafo, también les diseñaba la
personalidad y la línea de conducta que tenían que seguir. Gracias al
trabajo de esos topos, La Habana supo del intento de EEUU por vincular a
Cuba con el narcotráfico durante los años ochenta. Riera sostiene que
“el 80% de la información que recibía la CIA de nuestros agentes dobles
entre 1977 y 1987 era información preparada por la Inteligencia cubana,
información fragmentada, parcial y manipulada”.

Madrid siempre ha sido una plaza fuerte para la Inteligencia cubana. En
los años setenta, “era un terreno muy fértil para el desarrollo de
operaciones, tanto para penetrar al Gobierno, a partidos políticos y
servicios de seguridad, como para el trabajo contra la CIA y el control
de la emigración y organizaciones anticastristas en España”, dice Riera.

En 1977, Cuba pone a la vista de la CIA al agente doble cubano Redento
Morejón, que operaba en Madrid como representante comercial de artistas
cubanos. La CIA pica el anzuelo y recluta a Morejón como informante a
cambio de 1.000 dólares mensuales. Éste pasó a los americanos
información inofensiva para Cuba. Lo valioso de este agente doble es la
información relativa al agente de la CIA en España Allan G. Morris, a
quien se le hará llegar una propuesta para trabajar como topo para los
cubanos.

Una destacada agente doble fue Ana Belén Montes, analista principal
sobre temas de Cuba para la DIA norteamericana (Defense Intelligence
Agency). Nacida en Alemania Oriental, Montes estuvo 16 años trabajando
como agente a favor de La Habana a la vez que elaboraba informes
“blandos” para EE UU como infiltrada en la DIA. “Sus informes tenían
como objetivo final que la Administración de EE UU cambiara su política
hacia La Habana, una tesis encaminada a sacar a Cuba de la lista de
países patrocinadores del terrorismo internacional”. Tras el 11-S, Ana
Belén Montes fue descubierta y ahora cumple condena de 25 años en una
prisión de EEUU.

Golpes contra la CIA

En aquellos años Riera fue encadenando grandes golpes en la guerra por
la información con EE UU. Gracias a un trabajo de infiltración, logró
que toda la correspondencia que llegaba a la embajada norteamericana en
México fuera revisada por la Inteligencia de Cuba durante dos meses. Los
informantes que reclutó Riera aquellos años pertenecían al mundo de la
política, del periodismo y de la empresa de México. Algunos de ellos
ocupan hoy día puestos de responsabilidad en la administración.

Cuando terminó su misión en México en 1991, Riera volvió a Cuba y se le
ocurrió plantear cambios en la ley migratoria para igualar los derechos
de los cubanos de dentro y de fuera de la isla. Cayó en desgracia y en
1993 lo expulsaron de la Dirección de Inteligencia sin pensión. A partir
de entonces entró en la lista de personas non gratas para el régimen.
Riera pidió el permiso de salida y se lo negaron hasta que en 1999 logró
escapar a Méxicopor el aeropuerto de La Habana destino a Cancún con un
pasaporte falso, previo soborno a varios funcionarios cubanos.
“Solamente dos ex oficiales de la Inteligencia cubana lograron escapar
con otra identidad por el aeropuerto”, afirma Riera.

En Ciudad de México contactó con sus antiguos enemigos de la CIA para
pedir asilo político en EEUU. Durante cinco meses estuvo bajo protección
de los norteamericanos, hasta que finalmente le negaron el asilo. No se
fiaban de él. “Temían que pudiera ser un agente doble”, dice. A su vez,
Cuba sospechaba que el desertor Riera pudiera suministrar a los
americanos la abundante información clasificada que llevaba consigo,
entre ella las actividades de un agente infiltrado en la DIA que bien
podría ser Ana Belén Montes.

La traición de México

Riera reclamó asilo político al Gobierno de México, pero fue
traicionado. Al salir de una reunión en una cafetería con un alto
funcionario de los servicios secretos, fue asaltado por seis agentes de
la Seguridad de México, introducido en una furgoneta y trasladado en
cuestión de horas a Cuba. Durante 126 días se lo tragó la tierra. México
y EE UU lo habían abandonado y Cuba se disponía a castigarlo tras un
juicio militar. Riera se había convertido en un juguete roto del
castrismo. Sorprendentemente, no fue acusado de espionaje sino de
cohecho y salida ilegal del país. Le cayeron cinco años de prisión, pero
al tercero salió en libertad condicional. Su caso, aireado en la prensa
mexicana, salpicó al Gobierno del PRI de Ernesto Zedillo, que por
entonces se disponía a abandonar el cargo tras la victoria de Vicente Fox.

Riera no se rindió. Puso en marcha el altavoz para denunciar la falta de
democracia en la isla y aprendió a convivir con la amenaza soterrada del
régimen de juzgarlo nuevamente, esta vez sí, de espionaje, lo que en
Cuba lleva aparejado la posibilidad de una pena de muerte. Y volvemos de
nuevo a diciembre de 2011. Pedro y Daisy, su esposa, se instalan en
Oviedo. Paradojas de la vida, él, que durante casi veinte años fue rehén
de los hermanos Castro, es ahora víctima de la crisis económica española
y de las dificultades que encuentra para salir adelante en una ciudad
que le ha acogido con los brazos abiertos pero que no le ha ofrecido
perspectivas laborales. Riera trata de empezar una vida nueva, pero
antes quiere cerrar algo que empezó hace muchos años. Es un libro en el
que cuenta sus 25 años contra de la CIA. En esas páginas están los
desvelos de un hombre al que la maquinaria totalitaria de un Estado de
la que un día fue pieza clave no ha logrado doblegar.

http://www.larazon.es/detalle_normal/noticias/1967889/internacional/de-espia-de-fidel-castro-a-enemigo-de-cuba#.UXT9RMouDIg

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