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Las novias

Opinión

Las novias

José Prats Sariol

Arizona 24-09-2012 – 8:18 am.

Glenda Murillo y Mairelys Cuevas, hija de vicepresidente la primera y

periodista oficialista la segunda, se van a Miami tras sus novios. ¿Por

qué no regresaron estos a Cuba?

¿Qué se infiere de los amores de Glenda y Mairelys, cuyas peripecias son

dignas de una novela romántica? ¿Por qué estos novios despiertan tanto

interés? ¿Qué hay delante y detrás de estas historias del corazón?

Glenda Murillo Díaz tiene veinticuatro años, nació al borde del

eufemismo que conocemos como Período Especial, en 1988. Su padre, como

la prensa ha divulgado, es Marino Murillo, miembro del Buró Político,

administrador de las reformas, sucesor de Carlos Lage, pero con más

poder que el defenestrado, porque no tiene clavado en los riñones al

Grupo de Apoyo y su Comandante en Jefe.

Mairelys Cuevas Gómez es casi tan joven como la otra "desertora". Tiene

veintisiete años, jugaba a las muñecas cuando cae la Unión Soviética y

desaparece de Europa el "socialismo real". Era Jefa de Edición del

Granma, cargo no decisivo (hay tres censores por encima para cada

mañana: Director o Subdirector, DOR y Oficina de Raúl Castro), pero sí

de confianza en el órgano del Comité Central.

¿Por qué los novios de Glenda y Mairelys no regresaron a Cuba —en los

seguros vuelos diarios— a reunirse con sus amantes de la Unión de

Jóvenes Comunistas? ¿Por qué cada pareja prefirió el riesgo de la

frontera mexicana?

¿Cuándo y cómo decidieron ser felices en el sur de la Florida y no en La

Habana, donde la hija de Murillo con toda seguridad no vivía como el

cubano de a pie; donde la "periodista" (sic) tendría ventajas inherentes

a su cargo?

No hay que tener mucha imaginación para reconstruir lo que las dos

parejas pasaron antes de sus felices reencuentros. ¡Cuántos modos de

fingir, de aparentar, de sonreír y aplaudir! ¡Cuántas conversaciones en

clave! ¡Cuántos ahorros invertidos o deudas contraídas para llegar a

salvo a la frontera! ¡Cuánto terror hasta la llamada telefónica que

anunciaba el cruce a !

Y en la misma pesadilla: ¿Glenda y Mairelys les confesarían a sus madres

la aventura? ¿En quién tendrían la suficiente confianza como para

despedirse?

Hasta en casos de parejas privilegiadas —como estas dos— hay historias

truculentas, escalofriantes… Entonces antes de hablar de tolerancia y

reconciliación y perdones, es necesario extirpar el miedo, cada una de

las máscaras que encubren no una doble moral, sino ninguna. Extirpar el

totalitarismo.

Porque es ese miedo —nada metafísico— la principal causa de que Glenda y

Mairelys decidieran exiliarse. Miedo a los perpetuadores del desastre

económico, del caos cotidiano, donde ninguna de las dos quiere que sus

hijos nazcan y crezcan.

[Ex Jefa de Edición de 'Granma', Mairelys Cuevas.] Ex Jefa de Edición de

'Granma', Mairelys Cuevas.

¿Se preguntará Marino Murillo por qué Glenda optó por escapar? Tal vez,

pero con mucho miedo a que su jefe o sus subordinados se den cuenta…

Aunque no lo creo. Ni siquiera se interesa en ir, por ejemplo, al

poblado de Limones, municipio de Majibacoa, provincia de Las Tunas,

donde Sirley Ávila León, delegada de circunscripción, lucha contra las

estructuras del Poder Popular para que reabran la primaria.

¿Se preguntarán en la redacción de Granma por qué Mairelys huyó hacia la

boca del imperialismo yanqui? Tampoco. Quizás un murmullo afuera, en el

parqueo, mirando de soslayo…

Lo más triste es que no se trata de una historia novedosa, salvo para

aquellos desmemoriados que prefieren olvidar la suma de tres

generaciones sufriendo. ¿Cuántas familias cubanas ha destrozado el

castrismo, de 1959 a hoy?

La historia es larga, quizás hasta de tan larga se ha vuelto habitual,

ha perdido filo. Pero ahí está, aunque Glenda y Mairelys no la conozcan.

Y ahora tal vez —muy significativamente— se lea la de estas dos parejas

como nuestros bisabuelos leían Los novios —I Promessi Sposi—, la

lacrimosa y tan romántica novela del milanés Alejandro Manzoni, que

sitúa en la Lombardía del siglo XVII.

Renzo y Lucía —los inmortales personajes de Manzoni— al final de sus

peripecias logran estar juntos. Como ahora Glenda y Mairelys con sus

novios. Enhorabuena.

Ninguna de las dos argumenta razones políticas o económicas para venir

al . Es el amor —dicen. El amor todo lo puede —dicen. Las

razones del corazón —dicen.

Y qué bueno, es exactamente lo que deseamos para Cuba, como quería

Manzoni para su península dividida, ocupada, desgarrada cuando en 1842

publica la versión definitiva de su inmortal novela.

Pero falta —mis agraciadas Glenda y Mairelys— un pequeño detalle a

resolver. Los novios cubanos de hace medio siglo, de ayer y de hoy, aún

esperan que el destierro desaparezca, que la principal causa de

intolerancia muera, emigre, cese.

http://www.diariodecuba.com/cuba/13144-las-novias

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