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Siete preguntas a Julio Cesar

Siete preguntas a Julio Cesar
Jueves, Diciembre 22, 2011 | Por Tania Díaz Castro

Siete preguntas con sus respuestas bastan para presentar a Julio César
Álvarez López , un joven que en 1991, al año de graduarse en la
Superior de Contrainteligencia ¨Hermanos Martínez Tamayo¨, de La Habana,
decidió colaborar con el Movimiento de (MDHC) de Cuba,
antes que continuar con un trabajo que según él, no respondía a su
verdadera vocación.

Es por eso que fue detenido en 1992 y condenado por un tribunal Militar
a 19 años de prisión, por el supuesto delito de Revelación de Secretos.
De esta condena cumplió siete años en celdas de máxima seguridad, en
Camagüey. Luego, al salir en , en abril de 2008, se incorporó al
MDHC, y en la actualidad escribe crónicas para la página digital de Cubanet.

Tania Díaz Castro – ¿Por qué hiciste un salto tan drástico, desde los
órganos de la Seguridad del Estado, a la oposición pacífica contra el
régimen?

Julio César Álvarez -En realidad, la primera vez que yo me insubordiné
no fue para ayudar a la oposición pacífica, sino a un amigo. El germen
del cambio de mi forma de pensar no fue la política, sino la amistad. Yo
me vi ante el dilema de detener a un amigo de la infancia, a quien
quiero como a un hermano (él planeaba una del país), o de
romper el juramento de lealtad que hice al gobierno. Opté por lo
segundo. Ese fue el inicio de mi toma de conciencia. Analicé aquel papel
triste de vigilar y perseguir a tu prójimo sólo por razón de sus ideas
políticas. Y como en todo, donde primero te choca es con las personas
que quieres. Después vino mi encuentro con el doctor Omar del Pozo, a
través de otro de mis amigos, que era opositor y yo no lo sabía. Esto me
dio risa, porque en el círculo de mis amistades el único comunista que
seguía a Fidel era yo. En realidad no entiendo cómo entonces me había
convertido en oficial operativo del G-2, en vez de opositor.

TDC. ¿Esos 16 años en prisión, en plena juventud, no hicieron mella en
tu espíritu, en tu carácter, en tu personalidad aparentemente alegre y
dinámica?

JCA- Decididamente nadie pudo matar mi alegría. A golpe de voluntad
uno puede hacer que la prisión, aún en sus momentos más difíciles, no te
venza, ni te marchite, ni te amargue. Mi receta fueron los libros, y no
mirar nunca hacia atrás. Y te digo que en la Prisión Especial de
Camagüey, en la que pasé siete años de mi condena, al principio tenía
que leer con la luz que entraba de los pasillos porque prohibían los
bombillos en la celda. Y tenía, además, que vigilar al carcelero, porque
si me sorprendía fuera de la cama después del toque de silencio, una
buena entrada de palos se encargaría de hacerme dormir. Claro, esto lo
hacían los carceleros sicópatas, que se divertían mucho con nuestro
sufrimiento. Pero también te digo que había carceleros buenos y humanos,
que me ayudaron mucho y a los cuales recuerdo con respeto.

TDC -¿En tus largos años prisión pensaste alguna vez en arrepentirte del
paso dado en 1991, cuando ofreciste una valiosa información a grupos de
Derechos Humanos?

JCA-No lo niego. Lamento mucho haber pasado mi juventud en celdas, haber
oído el chirriar de las rejas por tantos años en lugar de música, o la
voz de la mujer amada, la de mis padres y de mi hermanita. Pero no me
arrepiento, aunque en un principio, presionado y temeroso, le haya dicho
que sí al militar.

TDC. Te has sumado al periodismo independiente, algo perseguido y
reprimido por la dictadura castrista. ¿Empezaste en forma casual o desde
antes habías pensado escribir, sobre todo con libertad?

JCA- Fue de forma casual. Un expreso político y amigo, Francisco
Chaviano, sabía que me gustaba escribir y en varias ocasiones me
preguntó por qué no me dedicaba al periodismo. Yo había comprado en la
prisión libros para aprender periodismo, y, junto con el inglés, estudié
de forma autodidacta. Ese fue mi primer encuentro con el periodismo.
Pero de ahí a querer ser periodista independiente había un gran trecho,
hasta que tú y el escritor Frank Correa me alentaron y me dijeron que yo
escribía bien.

TDC -Si tu vida hubiera sido diferente y estuvieras todavía trabajando
para la Seguridad del Estado, ¿cómo crees que te sentirías?

JCA –No creo que eso pudiera haber pasado, no lo permitiría. Nada ni
nadie podría lograr que yo volviera a vigilar, a perseguir a personas
inocentes que lo único que buscan es salir de una dictadura, lograr la
libertad para nuestro país.

TSC- Y tú, ¿te sientes libre?

JCA-Creo que ningún cubano podrá sentirse verdaderamente libre hasta que
no termine esta pesadilla. Ni siquiera los del exilio, que aunque lejos,
viven bajo el peso espiritual de una dictadura. Eso sí, yo escribo con
libertad, porque no me han cortado las manos. Igual que ustedes.

TDC-¿Te gustaría enviarles un mensaje a tus viejos compañeros de la
Contrainteligencia?

JCA- Sí, que reflexionen, que cambien, que se arrepientan a tiempo.

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