Cuba Illegal Exit
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Con casi 50 años, no podía esperar más a que Cuba cambiara

Televisión
«Con casi 50 años, no podía esperar más a que Cuba cambiara»

Carlos Otero, el protagonista de la fuga más sonada de 2007, habla con
ENCUENTRO EN LA RED.

Ivette Leyva Martínez, Miami

viernes 4 de enero de 2008 6:00:00

Tres semanas después de protagonizar la fuga más sonada de 2007, el
veterano presentador televisivo Carlos Otero se siente en Miami como en
casa. La ciudad le resulta familiar, al punto de asegurar que orientarse
aquí le resulta fácil. "No me siento exiliado, sino como si estuviera en
otra parte de Cuba", dice. Relajado, sonriente, con su sencillez
característica, el presentador de Para Bailar, Sabadazo y Con Carlos y
punto, conversó por dos horas con ENCUENTRO EN LA RED sobre los motivos
y consecuencias de su fuga, así como su futuro artístico como exiliado.

¿Le sorprendió la reacción de la dirección del ICRT al conocer que usted
había llegado a Estados Unidos?

Sí, yo pensé que podría ser noticia, pero no tanto. Lo que pasa es que
nunca se imaginaron que me quedaría. Creyeron que yo era "confiable",
porque en Cuba creen que si no tienes problemas económicos es menos
probable que oigas los "cantos de sirenas", y yo tenía una buena casa,
un buen carro, un celular y un salario de 4.500 pesos mensuales. Para
ellos, todos los que desertan buscan más dinero, pero yo no me fui por
eso. Yo quiero poder expresarme libremente, hacer una televisión libre,
y no tener que criar a mi hijos [Alejandro, de 10, y Julio, de 8] en un
sociedad donde el futuro es incierto, donde los jóvenes estudian una
profesión y tienen que botear o hacer otras cosas para ganarse la vida.

He tenido noticias de un acto de repudio en la puerta de M del ICRT
encabezado por [el periodista] Froilán Arencibia. Me parece que me
dieron más valor con el comunicado que leyeron en el espacio de mi
programa, acusándome de traidor. Mis compañeros de trabajo reaccionaron
de forma diferente. Me contaron que varias personas en el ICRT se
enteraron allí monitoreando los canales extranjeros y empezaron a
aplaudir, eso me emocionó. Todos los días, desde que me fui, recibo
decenas de emails que aplauden mi decisión.

¿Cuándo comienza a decepcionarse del sistema?

Mi padre, Moisés Otero, fue dirigente del INDER y era fidelista. Durante
mi juventud, como muchos cubanos, yo creía que aquel sistema era el
mejor del mundo. Me empiezo a dar cuenta de las injusticias a raíz de lo
que le pasó a Salvador Blanco, el conductor de Para Bailar. Salvador era
el tipo más popular de Cuba y purgó tres años en la cárcel porque
alguien se imaginó que quería irse del país.

Recuerdo que un día —ya yo había salido del programa— estaba durmiendo
por la mañana y mi padre me despertó para decirme que me estaba buscando
la Seguridad [del Estado]. En Cuba, despertarse con una noticia así te
garantiza un dolor de estómago del carajo. Me informaron que Salvador
estaba detenido por intento de salida ilegal del país, y que estaban
entrevistando a sus compañeros de trabajo para ver si sabían algo. Nos
dijeron que habían tenido la "deferencia" de ir a ver a las casas a los
presentadores de Para Bailar en vez de citarnos a Villa Marista. Yo,
desde luego, les dije la verdad, que no sabía nada.

Salvador y yo teníamos dos estilos diferentes, pero sosteníamos una
buena relación, incluso un par de veces celebramos nuestros cumpleaños
juntos: él visitaba mi casa y yo la suya.

Al poco tiempo de su encarcelamiento, me pidieron que regresara a Para
Bailar para sustituirlo. Creo que de ahí viene el rumor de que yo lo
chivateé. Por esos años, los rumores del chivatazo también apuntaron a
otros artistas, pero creo que él se encargó de aclarar eso en una
entrevista (Ver Para bailar con Salvador).

Otro caso que me marcó fue el de Eduardo Cáceres Manso [Cachito, actual
productor del canal 41, América Teve, de Miami]. A Cachito lo metieron
preso como dos años en una de esas operaciones del llamado "Plan
Maceta", porque vivía un poco mejor que el resto de la población. Años
después, ni eso ni intentar salir del país era delito, pero ese tiempo
que pasaron en la cárcel Salvador y Cachito, ¿quién se los devuelve?

Otra experiencia que marcó mi decepción fue un viaje a África. En 1987
me mandaron a Etiopía a un espectáculo como humorista e hicimos una
escala de 3 ó 4 horas en Angola. Un soldado, al que le decían Taoro
—porque le gustaban mucho los jugos de esa marca—, me llevó a un
cementerio de cubanos. El pobre, estaba medio desquiciado y me contó
historias terribles de lo que la UNITA les hacía a los cubanos que
cogían presos. Durante esa escala conocí al general Arnaldo Ochoa
[fusilado en 1989] y me preguntó: "¿Primera vez en Angola?"; yo le
respondí: "No, la última". Me di cuenta de lo inútil de la participación
de miles de jóvenes en esa guerra injusta, de la cantidad de gente que
no tuvo la oportunidad de decidir no ir.

En una entrevista para el programa A mano limpia, del canal 41, usted
dijo que ese programa había influido en su forma de pensar. ¿Por qué?
¿Cómo podía ver el programa en la Isla?

Yo tenía antena [parabólica] en mi casa. Las entrevistas a personas que
antes fueron funcionarios o agentes de la Seguridad en Cuba y se
decepcionaron de aquello, las cosas que contaban, contribuyeron a que yo
abriera más lo ojos.

¿Cuándo consideró por primera vez la posibilidad de establecerse fuera
de Cuba?

Esto nunca lo he contado: En el año 1994 viajé a México y conseguí un
trabajo con Televisa. Pero mi primer hijo, Carlos Manuel, nació con
problemas cardiacos y lo habían tenido que operar dos veces. Consulté al
cardiólogo que lo atendió y me desaconsejó de viajar a México con mi
familia, me dijo que el esmog y la altura podían perjudicar la salud de
mi hijo.

Recuerdo que después que a mi hijo le hicieron la segunda operación, en
1992, vi al cirujano comiéndose un plato de congrí con boniato ahí en el
hospital, y le dije a la que era mi esposa entonces: "esto no aguanta
más". Tanto ese cirujano, como el cardiólogo que me aconsejó no llevar a
Carlos Manuel a México, están hoy en Estados Unidos.

El público recuerda que usted estuvo un tiempo alejado de la pantalla.
¿A qué se debió eso?

En 1997 tuve varios encontronazos con la dirección del ICRT por la falta
de recursos. Yo estaba haciendo el programa 23 y M y no había ni luces,
ni cámaras, ni micrófonos ni nada, para no hablar de una gotera del baño
del restaurante El Mandarín, que caía sobre el estudio donde grabábamos.
Todavía hoy el estado de las instalaciones del ICRT es terrible, el
único programa que interesa y que tiene recursos es la Mesa Redonda,
pues hasta la escenografía la trajeron de Venezuela. La gotera de El
Mandarín sigue ahí. En el '97, ante la falta de apoyo, decidí dejar 23 y
M. Viajé solo a Panamá para tratar de conseguir un contrato de trabajo,
pero no lo logré. Al regresar a Cuba también me encontré sin trabajo.

Dentro del ICRT hay un tipo de castigo muy común: te dicen que no tienes
ningún problema, pero no te dan trabajo. Entre 1998 y 2001 estuve
vendiendo ropa, haciendo algún show por la izquierda, en fiestas
privadas y de extranjeros, sobreviviendo. Finalmente, ante la
insistencia de la productora Gloria Torres para que yo animara el
Festival de la Canción OTI, el entonces vicepresidente del ICRT, Ovidio
Cabrera, quien me había puesto en 'plan pijama', decidió aflojar un
poco. Me permitieron conducir la premiación y en 2002 hice 48 emisiones
en vivo de un programa de verano llamado Justo al medio.

En 2003 conduje El ventilador, los domingos por la noche. Había vuelto a
la televisión pero no me daban un espacio fijo. Eso fue hasta que
comencé La hora de Carlos en 2004. Estuvo casi 10 meses al aire,
dirigido por un joven muy talentoso, Yusnel Suárez, pero con unas ideas
que no gustaban en el ICRT; él quería hacer televisión al estilo
americano. Me quitaron al director y el programa empezó a decaer y
también comenzaron a cambiarle arbitrariamente el horario. Entonces
propuse hacer otro programa. Así surgió Con Carlos y punto, los domingos
a las 8 y 30 de la noche, que era el que estaba haciendo antes de venir.
La televisión en Cuba es cíclica y se vuelve frustrante: siempre
terminas entrevistando a la misma gente, año tras año.

¿Cómo pudo mantenerse al margen de la politización, que es tan
característica de la sociedad cubana?

Quizás el gobierno se tuvo que meter la puñalada conmigo. Al ser tan
popular, probablemente tuvieron que hacer concesiones. Cuando el caso de
Elián González me llamaron dos veces de la UJC Nacional para pedirme que
participara en las tribunas abiertas, y me negué. Dije primero que mi
imagen de presentador y humorista no tenía que ver con eso, y luego que
era un asunto familiar y que yo no quería inmiscuirme. Me dejaron
tranquilo. No me fue difícil decir que no, pero muchos en Cuba tuvieron
miedo de negarse, y otros cambiaron de estatus de vida a raíz de su
participación en la llamada "batalla de ideas". También soy muy boca
suelta, soy honesto y sincero, y si tengo que mandar a alguien pa'l
carajo, lo hago.

¿Cuándo se produjo en su mente ese punto de viraje en que ya estaba
decidido definitivamente a irse de Cuba?

Con casi 50 años no podía darme el lujo de esperar más a que aquello
cambiara. Uno se ve reflejado en esos artistas viejos que están pobres y
olvidados. Recuerdo que una vez, en 1996, estábamos filmando en el
muelle de la lanchita de Regla con Xiomara Laugart, y nos pasó por al
lado el cantante Carlos Embale [del Septeto Ignacio Piñeiro],
pidiéndonos 10 centavos y un pedazo de pan. Ni nos reconoció. Ahí le
dije a Xiomara: "Eso es lo que nos espera".

Desde luego que yo tenía miedo al cambio, pero en 2006 visité Canadá por
primera vez, invitado por un empresario español que organiza
espectáculos para los latinos allí, fundamentalmente para la comunidad
cubana. Allí hicimos un show de fin de año tipo Sabadazo, en Toronto,
donde viven unos 8.000 ó 9.000 cubanos. Me pareció un país lindo, lleno
de oportunidades, donde vi todo lo que prometieron en Cuba y nunca
concretaron: ayuda a los trabajadores, a las madres solteras.

Me gustó Canadá, pero es un país muy frío, el idioma me chocaba y hay un
solo canal en español, Telelatino, que también trasmite en italiano. Los
cubanos están en Miami y muchas amistades mías también. Yo había
comenzado a comunicarme con algunos, a conversar por el chat, y le
planteé a Carlucho [humorista y presentador de la radio y el canal 41]
mis deseos de irme. Me convencí de que Miami era el sitio donde debía
estar si quería hacer otro tipo de televisión. Así que desde 2006 empecé
a preparar mi salida definitiva.

¿Cómo logró sacar a su esposa e hijos menores?

En Cuba, Silvio Rodríguez y Pablo Milanés viajan con toda la familia,
hasta con las nanas. Yo recurrí a algo que hacen los artistas para
viajar con los familiares: nombré a mi esposa como representante mía, y
viajamos juntos a Canadá en 2006 varias veces. Eso formaba parte del
"trabajo de preparación", para no levantar sospechas. Este año pedí
viajar con mis hijos y, aunque se demoró el permiso un mes y medio,
finalmente me lo concedieron. Cuando estuvimos todos juntos, cruzamos la
frontera.

¿Qué fue lo que más le impactó a su llegada a Miami?

Sin dudas, la bienvenida. Durante 40 años me enseñaron que aquí en Miami
sólo había odio y rencores y lo que he encontrado ha sido lo contrario.
He visto gente que se fue en los sesenta, pero que tiene algún familiar
que vivió en Cuba y me vio en televisión; esos exiliados han venido a
estrecharme la mano. Incluso antes de llegar a Miami, algunas personas
me reconocieron y me saludaron; es inolvidable la bienvenida tan
calurosa de amigos y conocidos en el canal 41 (América Teve). Yo no
quería que se acabara la noche, y por eso les pedí que me dejaran
participar en el programa La Cosa Nostra.

Ha sido contratado por el 41. ¿Qué tipo de programa va a hacer?

Estoy trabajando con los productores en eso, barajando ideas. Aún no
está decidido.

En Cuba era el presentador del programa más popular, pero en la
televisión hispana de Estados Unidos hay muchas opciones. ¿Está
preparado para el fracaso? ¿Qué haría si no le va bien?

Claro que estoy preparado. Estoy consciente de que mañana viene alguien
más bonito, más joven y con más talento, y me desplaza. Si no tengo
éxito, estoy dispuesto a ponerme detrás de las cámaras, como utilero,
vestuarista, o productor: no me importa el spotlight, no lo vine
buscando. Puedo vivir detrás de las cámaras.

Dios es testigo de que en Cuba nunca le hice daño a nadie. Apoyé a
muchos artistas, al punto de que algunos humoristas me decían
cariñosamente "El padrino". Y como hombre libre, ahora tengo el derecho
de trabajar donde pueda y de vivir como me dé la gana.

Dirección URL:
http://www.cubaencuentro.com/es/encuentro-en-la-red/entrevistas/articulos/c
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