Cuba Illegal Exit
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Miserias Humanas

Miserias Humanas
2007-02-02
Shelyn Rojas, Periodista Independiente
La Habana – A finales de los 90, Álvaro y Rubén, junto a su mamá
Zenayda, ocuparon un local ruinoso y deshabitado en las zonas marginales
de Arroyo Naranjo, en la capital.

La casa necesitaba varios arreglos, pero lo esencial era que ya tenían
hogar. Fueron meses de arduas faenas. Un poco de cemento aquí, una
puerta nueva allá. Todo marchaba bien.

Un día se apareció un albañil. Venía de las regiones orientales. Tenía
doble oficio, pues también pertenecía a Tropas Especiales.

Zenayda estaba sola. Un hombre que se decidiera a hacerle frente a la
situación, y a ayudarlos en todos los quehaceres del hogar, sería lo
mejor que les podría suceder. Antonio Piña logró la conquista, en poco
tiempo pasó de albañil a ser el hombre de la casa.

El arreglo de la casa terminó. Meses después, la noticia de que Zenayda
estaba invadida por un cáncer paralizó a sus hijos. Nada se podía
hacer. Sólo esperar.

Antonio, el padrastro, se llevó a "pasear" a Zenayda. De regreso, ya
eran oficialmente marido y mujer.

Zenayda falleció poco tiempo después.

La casa le pertenecía a todos. Rubén se casó y se fue. Álvaro empezó a
vivir una pesadilla sin final. Pasaron dos años, entre discusiones y
pleitos con el padrastro.

Llegó el momento de exhumar los restos de su madre. Rubén, su hermano,
como era el mayor, se dispuso a hacer las gestiones. Al llegar al
cementerio, los sepultureros le expresaron que el cuerpo no estaba aún
en condiciones para la exhumación.

Cuenta Álvaro, espantado, con los ojos húmedos, detenidos en el pasado,
que una noche escuchó ruidos en el cuarto de su padrastro. El ruido no
era habitual. Al entrar, lo sorprendió con los restos de su madre,
revolcados en la habitación.

Su padrastro le dijo que ahora estarían juntos los tres por siempre.
Antonio es religioso y continuaba contándole que teniendo los restos de
su madre en la casa, podían por la noche escucharla deambular.

Álvaro perdió el sueño, pero no la razón. Al saber la noticia, su
hermano Rubén, recogió los restos de su madre y los llevó para Las
Villas. Allí reposan. Sólo ellos saben el lugar. No preguntaron cómo
Antonio pudo robar los restos de su madre, pero ya estaban en un lugar
seguro.

El año pasado, Álvaro intentó una salida ilegal del país. Uno más de
miles que tratan de escapar hacia la libertad. Fue regresado a tierras
cubanas. Meses después, Álvaro comenzó a ejercer como periodista
independiente.

Al regresar a la isla, el padrastro, indignado por su regreso, le
expresó que se lo quitaría de arriba. Le molestaba demasiado.

A Álvaro le fue impuesta una multa de 1000 cuotas de a peso, por salida
ilegal del país.

Poco tiempo después, se personó un oficial en su casa. Le traía otra
multa, según Álvaro, esta vez de 3000 pesos, por no pedir permiso para
salir por mar.

Álvaro no encuentra trabajo en su país. Es no idóneo. Pende sobre él la
Ley de Peligrosidad. Si no paga las multas, Álvaro cumplirá 4000 días en
la prisión.

El padrastro, con doble oficio, se lo quitará esta vez de arriba por 10
años y medio.

http://www.miscelaneasdecuba.net/web/article.asp?artID=8632

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