Cuba Illegal Exit
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Los asnos miopes

SOCIEDAD
Los asnos miopes
Odelín Alfonso Torna

LA HABANA, Cuba – Agosto (www.cubanet.org) – Guerrero es un teniente
coronel retirado, oriundo del oriente cubano. Era jefe de retaguardia en
una unidad de tanques del Ejército Occidental. Los reclutas que lo
conocen dicen que era tremendo hijo de mala madre.

Guerrero era intransigente y oportunista. Vivía en la unidad, no tenía
casa ni adonde ir. Siempre se le veía en la cocina del regimiento. En
las noches se emborrachaba con aguardiente que mandaba a comprar al
pueblo. Lo apodaban El ratero.

Cumplió cuatro misiones internacionalistas en Angola, siempre de jefe.
Para Guerrero, el país africano resultó un paseo, aunque dicen que en
combate mandó a muchos hombres a la tumba.

Luego de su último regreso de Angola, le dieron una casa en un reparto
residencial. Enseguida se licenció de las Fuerzas Armadas. Ya resultaba
vergonzoso cargar con un oficial borracho en el regimiento.

La casa está ubicada al final de una cuadra. Para suerte del ratero,
colinda con otra unidad militar. El muro divisorio da a un taller de
pailería.

En honor a su nombre, Guerrero transformó el vecindario en una unidad
militar. Cerró parte de la cuadra con un portón, simulando un punto de
control de pase (PCP). Para los vecinos no era nada extraño. Es la única
cuadra del reparto donde viven militares. Están acostumbrados. Excepto
el vecino de enfrente, a quien los oficiales que lo vigilan (secundados
por Guerrero), tildan de mercenario pagado por la mafia de Miami

El pedazo de cuadra cerrado por Guerrero obstaculiza el acceso a la casa
del disidente. Para cerrar la cuadra, Guerrero se apoyó en su compañero
de luchas y borracheras, Carlos, un oficial de la Marina de Guerra que a
su vez es delegado concejal del Partido Comunista, quien autorizó a
Guerrero sin reparos. Acordaron criar puercos, gallinas y patos en el
tramo de calle cerrado.

Los oficiales nunca se retiran, eso lo sabemos. Ahora, en el barrio le
llaman “la rata inmunda”. Realiza trabajos de albañilería particular con
dos personajes de su tierra natal. Acostumbran a robarse algo en cada
casa que trabajan. Son cleptómanos de la peor calaña. Pero su negocio
fuerte está en los hierros.

El jefe del taller de pailería fue su compañero en Angola. La casa de
Guerrero sirve como almacén provisional de cabillas y angulares de
hierro que luego venderlos en el mercado negro. Sus coterráneos
militares lo saben, pero poco les importa.

El Partido Comunista ordenó a Guerrero vigilar la casa del disidente,
una especie de chequeo permanente sobre quién entra y sale de ésta. Para
eso lo habilitó con sofisticados medios de audio y video. Hasta un perro
sato amarró en el portón. Su ladrido espeluznante anuncia la llegada de
alguien.

Guerrero alterna la vigilancia con Flora, una vieja chivata que apodan
“la Correcaminos”. Tiene la manía de organizar mítines de repudio hasta
en contra de los que venden chambelonas. La vieja Flora cría puercos de
ceba. En ocasiones descarga sacos de pienso para sus animales en su
patio trasero. Dicen que hasta vende parte del pienso.

Su mirada emite Rayos X, puede observar la jaba de un vecino a más de 20
metros. En ocasiones confunde las viandas con carne de res, y no hay
quien se lo discuta porque siempre tiene la razón. Su esposo es un viejo
de 73 años, serio y callado. Es el jefe de los miopes de la cuadra.

Para Flora, combatir las ilegalidades es lo primero. Damián, un joven de
20 años, tiene en su haber cinco intentos de salida ilegal del país. Por
cada infructuoso intento, Flora organizó mítines de repudio contra el
joven. Al último sólo acudieron Guerrero y el esposo de Flora. De lejos
se les veía bostezando y agitando banderitas.

Flora recorre el barrio tres veces al día en busca de ilegalidades. Con
susurros propone los sacos de pienso a cinco dólares. Está traicionando
a su revolución, pero no quiere enterarse. La miopía no le deja ver más
allá de sus convicciones.

De asnos miopes como Guerrero y Flora estamos rodeados. Delatar es su
vicio. Por ello dan la vida si es preciso. Más allá de su impertinencia,
roban y deshacen con total impunidad, pero eso no lo ven. Ellos son sólo
eso: “los asnos miopes de la cuadra”.

http://www.cubanet.org/CNews/y06/ago06/18a7.htm

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